Pues hoy empiezan las vacaciones de Navidad, muchachos míos, así que se suspende la clase. Hoy no hay poema para estudio, pero os dejo con un poema de este colegote mío que empieza a ser Francisco.
Que disfrutéis. Hasta enero…
POEMA DEL AMOR JODIDO
Por Francisco José Francisco Carrera
un pájaro
indefinido
se posó en tus bellas manos
y como si no quiere la cosa
se bebió de un solo trago
todo el amor
que me tenías
reservado
para mí
para mí solo
qué cabrón
el pájaro aquel
qué pedazo
de cabrón
si me lo pillo
me lo cargo
te lo digo
y te lo cuento
me lo cargo
por chorizo
y me lo cargo
por cabrón
Un curso de poesía para todos, incluso para aquellos a los que no les gusta la poesía...
miércoles, 22 de diciembre de 2010
viernes, 19 de noviembre de 2010
LECCIÓN DE POESÍA NÚMERO 19
Esta va para el Dani, porque sí, porque me da la santa gana y porque es un buen tipo que frecuenta los bares del alma.
Pasan los años y mi calva va estupefactándose de dentro para fuera. Como os lo cuento. Es extraño pero cada vez me parece más normal. Y lo que saco de esto es algo obvio. El poema y la canción son hijos de un mismo Dios. De hecho no hay diferencia entre la poesía y la música. El poema es canción. La canción es poesía. Así que de este tocho temario que me gasto miércoles sí, miércoles no, hoy he decidido sacarme una canción de un grupo americano y maravilloso. De esos grupos que te desgastan de dolor el corazón con cada acorde y a pesar de tener ganas de llorar hasta con los dedos de los pies, tú nunca tienes suficiente y no paras de pedir otra canción. Algo parecido nos pasa con el amor.
2 TEMPORADA - LECCIÓN 19 - COUNTING CROWS
La leche, colegas, los Counting Crows son la leche. Tienen canciones que son tan tristes como el hombre más triste del mundo. Como la voz más triste de la tierra. Si lo dudáis, id al tutubo y escuchad “Colorblind”, acaso la tristeza más profunda hecha canción, es tal la fragilidad y la fantasmagórica presencia que emana del tema que cada vez que lo escucho me quedo sobrecogido por dos o tres siglos y luego vuelvo al mundo como si hubiera pasado un minuto (a veces dos). Pero yo quiero compartir con vosotros un tema más luminoso que se titula Mrs. Potter’s Lullaby. Hoy voy a evitar todo comentario, porque lo suyo, almas divinas de precioso corazón, es que leyeseis la letra, escuchaseis la canción, vieseis el video, todo eso. Así que ahí va, yo me desaparezco ya, que estoy sobrando.
By the way, esta entrada la hemos hecho colaborando los “tres en uno”: yo, el Francisco Lunático y el Guinterborbotón, ahí es na. En otras palabras, la traducción es de Francisco (me apunta él mismo que os diga que es bastante libre y creativa, apoetizada, comenta) con el apoyo lingüístico de Daniel, yo he puesto la casa, el blog y las birras.
Al final veréis dos hipervínculos, uno hacia el texto original inglés, el segundo hacia el video del tema en you tube. Un beso, mis preciosos.
La canción de cuna de la Señora Potter.
A ver, desperté a media tarde porque es entonces cuando todo duele
mucho más. Suelo soñar que no conozco nunca a nadie en la fiesta
y que para colmo soy el anfitrión,
si los sueños son como películas, entonces
los recuerdos son pelis de fantasmas.
Nunca puedes huir, sólo puedes irte hasta la playa.
A ver, soy un idiota que camina sobre el alambre de la fortuna y de la fama,
un acróbata balanceándose en el trapecio y que atraviesa círculos de fuego,
si nunca miraste hacia lo lejos, entonces tu vida es una mierda
y aunque yo nunca vaya a olvidar tu cara,
hay veces que no recuerdo ni mi nombre.
Hey, señora Potter, no llores,
hey, señora Potter, sé por qué pero…,
hey, señora Potter, acaso no quieres contármelo.
A ver, hay un trozo de María en cada canción que canto
y el precio de la memoria es el recuerdo de la tristeza que conlleva
y siempre hay una última luz que apagar y una última puerta a la que llamar
y el último en salir del Circo es el que tiene que cerrar bien todo,
porque si no los elefantes se irán y olvidarán lo que dijiste
y los fantasmas de las atracciones merodearán en tu cabeza
y los restos de la noria girarán y girarán dentro de ti.
Cuando te veo, una manta de estrellas me arropa en la cama.
Hey, señora Potter, no llores,
hey, señora Potter, sé por qué pero…,
hey, señora Potter, acaso no quieres contármelo.
Todos los reflejos de las luces azules que dan color a mi mente cuando duermo,
todos los rechazos que hacen enfermar de amor y que siempre acompañan
a las compañías que frecuento,
todas las percepciones afiladas como cuchillas y que me cortan hasta el hueso.
Escucha, puedo sangrar tan bien como cualquiera,
By the way, esta entrada la hemos hecho colaborando los “tres en uno”: yo, el Francisco Lunático y el Guinterborbotón, ahí es na. En otras palabras, la traducción es de Francisco (me apunta él mismo que os diga que es bastante libre y creativa, apoetizada, comenta) con el apoyo lingüístico de Daniel, yo he puesto la casa, el blog y las birras.
Al final veréis dos hipervínculos, uno hacia el texto original inglés, el segundo hacia el video del tema en you tube. Un beso, mis preciosos.
La canción de cuna de la Señora Potter.
A ver, desperté a media tarde porque es entonces cuando todo duele
mucho más. Suelo soñar que no conozco nunca a nadie en la fiesta
y que para colmo soy el anfitrión,
si los sueños son como películas, entonces
los recuerdos son pelis de fantasmas.
Nunca puedes huir, sólo puedes irte hasta la playa.
A ver, soy un idiota que camina sobre el alambre de la fortuna y de la fama,
un acróbata balanceándose en el trapecio y que atraviesa círculos de fuego,
si nunca miraste hacia lo lejos, entonces tu vida es una mierda
y aunque yo nunca vaya a olvidar tu cara,
hay veces que no recuerdo ni mi nombre.
Hey, señora Potter, no llores,
hey, señora Potter, sé por qué pero…,
hey, señora Potter, acaso no quieres contármelo.
A ver, hay un trozo de María en cada canción que canto
y el precio de la memoria es el recuerdo de la tristeza que conlleva
y siempre hay una última luz que apagar y una última puerta a la que llamar
y el último en salir del Circo es el que tiene que cerrar bien todo,
porque si no los elefantes se irán y olvidarán lo que dijiste
y los fantasmas de las atracciones merodearán en tu cabeza
y los restos de la noria girarán y girarán dentro de ti.
Cuando te veo, una manta de estrellas me arropa en la cama.
Hey, señora Potter, no llores,
hey, señora Potter, sé por qué pero…,
hey, señora Potter, acaso no quieres contármelo.
Todos los reflejos de las luces azules que dan color a mi mente cuando duermo,
todos los rechazos que hacen enfermar de amor y que siempre acompañan
a las compañías que frecuento,
todas las percepciones afiladas como cuchillas y que me cortan hasta el hueso.
Escucha, puedo sangrar tan bien como cualquiera,
pero necesito a alguien que luego me ayude a dormir.
Así que lanzo mi mano hacia los cielos y se columpia en cada rayo de luz,
es una breve interrupción del polvo resplandeciente
Así que lanzo mi mano hacia los cielos y se columpia en cada rayo de luz,
es una breve interrupción del polvo resplandeciente
que se asemeja al brillar de los impulsos.
A ver, sé que no te reconozco y que probablemente no eres lo que pareces,
pero te aseguro que me gustaría descubrirlo
así que ¿por qué no sales de esa pantalla de cine?
Hey, señora Potter, no me des la espalda,
hey, señora Potter, ardo de pasión por ti,
hey, señora Potter, acaso no quieres hablar conmigo.
A ver, sé que no te reconozco y que probablemente no eres lo que pareces,
pero te aseguro que me gustaría descubrirlo
así que ¿por qué no sales de esa pantalla de cine?
Hey, señora Potter, no me des la espalda,
hey, señora Potter, ardo de pasión por ti,
hey, señora Potter, acaso no quieres hablar conmigo.
Cuando el último rey de Hollywood destroza su copa contra el suelo
y pide otra más,
bien, me pregunto por qué lo hace,
es entonces cuando sé que tengo que marcharme porque ya había estado aquí antes.
Así que dejé mi sitio libre en el bar y me fui hacia la puerta.
Condujimos hasta el desierto para tumbarnos justo
y pide otra más,
bien, me pregunto por qué lo hace,
es entonces cuando sé que tengo que marcharme porque ya había estado aquí antes.
Así que dejé mi sitio libre en el bar y me fui hacia la puerta.
Condujimos hasta el desierto para tumbarnos justo
debajo de este cuenco de estrellas,
nos pusimos en pie en el palacio como si fuera el último bar del mundo,
gritamos estas canciones contra el estruendo eléctrico de las guitarras.
Hoy puedes ver a miles de kilómetros
pero no llegarás muy lejos,
hoy puedes ver a miles de kilómetros
pero no llegarás muy lejos.
Hey, señora Potter, no te tocaré,
hey, señora Potter, no es gran cosa pero…,
hey, señora Potter, acaso no quieres hablar conmigo.
nos pusimos en pie en el palacio como si fuera el último bar del mundo,
gritamos estas canciones contra el estruendo eléctrico de las guitarras.
Hoy puedes ver a miles de kilómetros
pero no llegarás muy lejos,
hoy puedes ver a miles de kilómetros
pero no llegarás muy lejos.
Hey, señora Potter, no te tocaré,
hey, señora Potter, no es gran cosa pero…,
hey, señora Potter, acaso no quieres hablar conmigo.
Video de la canción: http://www.youtube.com/watch?v=85McHO_9TwM
Letra original en inglés: http://www.lyrics007.com/Counting%20Crows%20Lyrics/Mrs.%20Potter
miércoles, 10 de noviembre de 2010
LECCIÓN DE POESÍA NÚMERO 18
Uno nunca sabe cuándo llega hasta que llega. Uno se levanta de la cama, se calza unos gayumbos limpios (o sucios si no tiene otros a mano), se rasca el culo con desgana y con cara de bizcocho borracho se marcha para el baño para aliviar su humanidad. Después, con el mismo sueño y la misma pereza entre cacha y cacha, se va para la cocina y se prepara un café infecto de monotonía, de lunes con olor a orinal y así, sin nada que haga interesante ese día (ni ningún otro), nos vestimos, nos ponemos nuestros rostros humanos y aportamos nuestra granito en este “gran teatro del mundo”. Y de repente, de la nada, se nos aparece una mirada, un poema, una caricia inesperada…, y todo tiene al instante otro color, y damos saltos con el páncreas, con el ombligo, con las orejas…, qué se yo.
2 TEMPORADA: LECCIÓN 18 - JOHN UPDIKE
Y eso te puede ocurrir, amigo mío, si te poner a leer la poesía de John Updike, escritor americano más conocido por su obra en prosa que por sus versos. Algunos habréis leído sus libros sobre “Conejo” Angstrom, verdaderas joyas de la literatura norteamericana moderna. Pero hoy yo aquí vengo a refrotaros el cuerpo serrano con dos de sus poemas más bellos. La leche de bonitos que son. Uno es corto, el otro non.
John Updike, ahí es nada. Disfruta de ellos, colega, puede que te alegren el día, y si el día ya ha sido alegre, canalla, esto va a ser ya la repanocha.
La Bendición
La habitación se oscureció, se oscureció hasta convertir
nuestros cuerpos desnudos en una forma gris,
entonces rompió a llover
y fuimos cobijados, bendecidos,
amparados en un mundo de elementos
que nos justificaba.
En todo el amor que antes por ti había sentido,
en todo ese amor,
no hubo amor semejante
al que sentí cuando la lluvia comenzó:
la habitación en penumbra, una envolvente agitación,
la esbeltez de tu garganta,
esa bendita esbeltez.
(The Blessing
The room darkened, darkened until
our nakedness became a form of gray;
then the rain came bursting,
and we were sheltered, blessed,
upheld in a world of elements
that held us justified.
In all the love I had felt for you before,
in all that love,
there was no love,
like that I felt when the rain began:
dim room, enveloping rush,
the slenderness of your throat,
the blessed slenderness.)
Chulo, ¿que no? Y ahora lo vais a flipar, colegas, os vais a quedar de una pieza. Aquí llega uno de los poemas más maravillosos jamás escritos, de esos que te dejan sin aliento, como si te hubieran besado durante seis o siete años sin parar ni para tomar aire. Es una joya de brisa primaveral que se te incrusta en el corazón y he hace estar agradecido de ser humano en esta vida.
Pálida felicidad
Compartir una botella de vino blanco
con una mujer desnuda
a la mitad del día.
(Pale Bliss
Splitting a bottle of White wine
with a naked woman
in the middle of the day.)
Ay, mis queridos estudiantes del amor y de la vida, de la verdadera poesía. Os tengo que dejar ya porque un animal herido está gimiendo dentro de mi pecho. Que el fuego blanco de la mañana surque vuestras arterias al despertar a lo único que es Real: el Silencio, la Esperanza y la Bondad.
John Updike, ahí es nada. Disfruta de ellos, colega, puede que te alegren el día, y si el día ya ha sido alegre, canalla, esto va a ser ya la repanocha.
La Bendición
La habitación se oscureció, se oscureció hasta convertir
nuestros cuerpos desnudos en una forma gris,
entonces rompió a llover
y fuimos cobijados, bendecidos,
amparados en un mundo de elementos
que nos justificaba.
En todo el amor que antes por ti había sentido,
en todo ese amor,
no hubo amor semejante
al que sentí cuando la lluvia comenzó:
la habitación en penumbra, una envolvente agitación,
la esbeltez de tu garganta,
esa bendita esbeltez.
(The Blessing
The room darkened, darkened until
our nakedness became a form of gray;
then the rain came bursting,
and we were sheltered, blessed,
upheld in a world of elements
that held us justified.
In all the love I had felt for you before,
in all that love,
there was no love,
like that I felt when the rain began:
dim room, enveloping rush,
the slenderness of your throat,
the blessed slenderness.)
Chulo, ¿que no? Y ahora lo vais a flipar, colegas, os vais a quedar de una pieza. Aquí llega uno de los poemas más maravillosos jamás escritos, de esos que te dejan sin aliento, como si te hubieran besado durante seis o siete años sin parar ni para tomar aire. Es una joya de brisa primaveral que se te incrusta en el corazón y he hace estar agradecido de ser humano en esta vida.
Pálida felicidad
Compartir una botella de vino blanco
con una mujer desnuda
a la mitad del día.
(Pale Bliss
Splitting a bottle of White wine
with a naked woman
in the middle of the day.)
Ay, mis queridos estudiantes del amor y de la vida, de la verdadera poesía. Os tengo que dejar ya porque un animal herido está gimiendo dentro de mi pecho. Que el fuego blanco de la mañana surque vuestras arterias al despertar a lo único que es Real: el Silencio, la Esperanza y la Bondad.
martes, 26 de octubre de 2010
LECCIÓN DE POESÍA NÚMERO 17
A ver hoy lo que toca, muchachillos míos, por qué lección de poesía norteamericana nos llegamos ya…, ah, sí, por la número 17. Sí que vamos avanzados, oye. Bien, bien. Además hoy tengo una sorpresa del tamaño de Arizona. Hoy la lección va a ser cortita pero esenciada y esencial. Si recordáis lo que os dije hace 15 días, hay dos autores americanos que me parecen que han compuesto los mejores versos sueltos de la historia de la poesía universal. E. E. Cummings era uno de ellos y el otro la poetisa más maravillosa del planeta, la sin igual Emily Dickinson.
2 TEMPORADA: LECCIÓN 17 - EMILY DICKINSON

Emily es una de mis tres poetisas favoritas. Las otras dos son Emily Dickinson y Emily Dickinson. Y es que no hay poema de esta señora que no me haya llevado al valle más doloroso o la pradera más jubilosa, sin término medio. Cuando yo era más jovencito y tenía algo de pelo (aunque ya opositaba seriamente para cocoroto y lo hacía con mucho aprovechamiento y ahora podéis ver en mis fotos cómo saqué fruto pelón del arduo estudio del melón), me pasé un año enterito estudiando poesía en Irlanda, y un amiguete mío francés me dejó un libro de la Dickinson esta; recuerdo que era una edición bilingüe francés-inglés y que entonces me interesaron tanto ambos textos que decidí aprender francés al volver a España (cosa que hice). Un gran acierto, aprender francés, si te gusta la poesía. Pero sigamos, en aquel libro de mi amigo François Mulot descubrí lo que puede doler un poema, cómo te puede llevar más allá del sufrimiento y traerte más acá de la pasión. Es cierto que este loco cocoroto aprendió del mundo real a través de los versos, y bien feliz que está de ello, poco importa un camino u otro si al final llegas al lugar al que has de llegar, ¿no? Pues eso, tortilla de queso. Y hoy lo que voy a hacer tan sólo es dejaros con cuatro versos sueltos y variados para acabar con el verso que más me ha cautivado en mi vida, un verso jodidamente triste y preciso como un bisturí de cirujano, como el puñal del Normando que en la batalla de Hastings arranca el corazón del Sajón dispuesto a morir por su fría isla.
De la biografía de esta chica maravillosa podría contaros muchas cosas, recuerdo que me pasé cerca de un mes encerrado en la biblioteca del campus de la University College Dublin leyendo sus poemas y libros acerca de su vida, y lo cierto es que creo que os resultaría interesante pero ya sabéis que a mí lo que más me interesa es presentar la obra en sí y que ya el lector vaya a otros lugares que le interesen más particularmente si tiene tiempo y lo estima necesario. Apuntaros, eso sí, que la “historia de su vida” es de esas que te enganchan no por lo que pasa si no más bien por lo que no pasa, por los espacios en blanco, por los silencios…
Sobre su poesía y como modo de apunte general, Margarita Adenas, en la edición bilingüe de las obras de Dickinson publicada por Cátedra, nos dice cosas tan acertadas como:
“Sus poemas nos suenan como a recién creados, porque Emily Dickinson emplea las palabras de cada día como nadie las había empleado antes. Nos sitúa en el umbral del canto y nos invita, mediante unos fragmentos inacabados, a completar la ruta hacia ninguna parte.”
“Lo no dicho, los espacios en blanco, la insinuación y la ambigüedad tienen tanto valor en su discurso como los elementos explícitos. En otras palabras, el silencio es para Emily Dickinson tan subversivo como la palabra.”
“El querer saltar las barreras imposibles entre objeto y palabra es su más fecunda empresa”.
Pues eso que vengan mis “TOP FIVE VERSES” de la Emily.
5) To Whom the Mornings stands for Nights,
Para Quien las Mañanas son las Noches,
4) “Heaven” has different Signs – to me
“El Cielo” tiene Signos distintos – para mí
3) Bring me the sunset in a cup,
Tráeme el ocaso en una copa,
2) The grave my little cottage is,
La tumba es mi casita,
y el apoteósico número uno…
1) I felt a funeral, in my brain,
Sentía un funeral, en mi cerebro,
Ahí es nada, qué perfección, cuánta belleza y cuánta desolación quintaesenciada en la palabra perfecta y adecuada. Yo, no os lo voy a negar, he sentido varias veces un funeral en mi cerebro, un palpitar de alas de murciélago dentro de mi cabeza que me han hecho rasgarme el corazón a base de tristeza y desolación extrema. Pero tras cada funeral y cada duelo, he vuelto a nacer a la Calvidad de esta vida cierta y en esa Calvidad enorme y gloriosa he residido triunfal para volver a caer un poquito después y volver a comentar a su vez...
Sobre su poesía y como modo de apunte general, Margarita Adenas, en la edición bilingüe de las obras de Dickinson publicada por Cátedra, nos dice cosas tan acertadas como:
“Sus poemas nos suenan como a recién creados, porque Emily Dickinson emplea las palabras de cada día como nadie las había empleado antes. Nos sitúa en el umbral del canto y nos invita, mediante unos fragmentos inacabados, a completar la ruta hacia ninguna parte.”
“Lo no dicho, los espacios en blanco, la insinuación y la ambigüedad tienen tanto valor en su discurso como los elementos explícitos. En otras palabras, el silencio es para Emily Dickinson tan subversivo como la palabra.”
“El querer saltar las barreras imposibles entre objeto y palabra es su más fecunda empresa”.
Pues eso que vengan mis “TOP FIVE VERSES” de la Emily.
5) To Whom the Mornings stands for Nights,
Para Quien las Mañanas son las Noches,
4) “Heaven” has different Signs – to me
“El Cielo” tiene Signos distintos – para mí
3) Bring me the sunset in a cup,
Tráeme el ocaso en una copa,
2) The grave my little cottage is,
La tumba es mi casita,
y el apoteósico número uno…
1) I felt a funeral, in my brain,
Sentía un funeral, en mi cerebro,
Ahí es nada, qué perfección, cuánta belleza y cuánta desolación quintaesenciada en la palabra perfecta y adecuada. Yo, no os lo voy a negar, he sentido varias veces un funeral en mi cerebro, un palpitar de alas de murciélago dentro de mi cabeza que me han hecho rasgarme el corazón a base de tristeza y desolación extrema. Pero tras cada funeral y cada duelo, he vuelto a nacer a la Calvidad de esta vida cierta y en esa Calvidad enorme y gloriosa he residido triunfal para volver a caer un poquito después y volver a comentar a su vez...
Que seáis felices, mis preciosos estudiantes de la vida y de los sueños.
Yo,
ya lo sabéis,
os dibujo cada tarde
en el lienzo
que me otorga
el silencio blanco
de los espejos.
miércoles, 13 de octubre de 2010
LECCIÓN DE POESÍA NÚMERO 16
Hay poetas que me han robado el corazón por sus poemas, otros por la visión cosmopoética que emanaba su obra entera, también otros que me han fascinado por su capacidad de darle la vuelta al lenguaje como si fuera un calcetín sudado y que olía a calabacín pocho o a chistorra revenida. Pero hoy voy a hablar de otro tipo de hacedor de versos, el que adoro no por un poema u otro, por un recurso estilístico u otro, aquel escritor que es capaz de volverme loco de vida gracias a versos sueltos. Dentro de la literatura norteamericana a mí me pasa esto con dos autores: E. E. Cummings y E. Dickinson y hoy voy a ocuparme del primero.
2º TEMPORADA: LECCIÓN 16 - E. E. CUMMINGS

Edward Estlin Cummings es uno de los poetas más originales que nos podemos echar al corazón jueves sí y jueves no. Una cosa apabullante. Una cosa sin igual. Y lo gracioso es que si tú vas y me preguntas “¿cuál es tu poema favorito del señor este tan guay?” o “¿qué me aconsejas leer?”, lo único que podría hacer es recitarte de memoria un número de versos de distintos poemas que me hacen sudar gotitas de miel con eucalipto o de eucalipto con miel. Así es la cosa, como te lo cuento. Ni carta, ni trampón ni mucho menos piedra pómez o solomillo de león.
Te podría decir aquello de:
“señora por cuyos profundos y frágiles labios
los dulces pequeños torpes pies de Abril entraron
en el devastado prado de mi alma”;
o acaso algo como:
“cultivaré dentro de
mí escrupulosamente lo Inimitable que
es la soledad,estos sueños únicos
jamás mancharán su atuendo
con fenómenos:”;
y seguir con:
“que el hombre más solitario nunca está solo
(su respiro más breve dura lo que el año de algún planeta,
su vida más dilatada es el latido de algún sol;
su inmovilidad más leve lo lleva hasta la estrella más joven)”;
o con:
“quizá dios
sea la mano
de un niño)que con gran cuidado
nos trae
a ti y a
mí(sin ni si
quiera aplastarlo)…”;
y en cualquier caso siempre acabaría con estos versos:
“nada de lo que podamos percibir en este mundo iguala
el poder de tu intensa fragilidad:su textura
me domina con el color de sus países,
produciendo muerte y eternidad a cada latido
(no sé qué hay en ti que se cierra
y se abre;pero algo en mí comprende
que la voz de tus ojos es más profunda que todas las rosas)
nadie, ni siquiera la lluvia,tiene unas manos tan pequeñas"
Ahí es nada, compañero, qué maravilla de versos, ¿no lo crees? Ahora ya sabes, en cuanto tengas un rato no dejes de pasear por las avenidas poéticas de Cummings. Y es que hay cosas que nos raptan el alma a base de amor del bueno y entonces es mejor dejarnos ir y volver a ser los niños que fuimos, aquellos niños que después del cole creaban cada tarde un mundo privado de felicidad y luz y juego eterno.
Y con esto y un buen té os dejo por hoy, que ya es hora de dormir…, que hoy el calvo cocoroto tiene cuerpo de cama y quiere soñar con abril.
miércoles, 29 de septiembre de 2010
LECCIÓN DE POESÍA NÚMERO 15
Interior. Tarde. Un hombre calvo como un melón esta ante su ordenador escribiendo. Por la expresión de su rostro parece entre iracundo y preocupado. A veces presenta un rictus desencajado. En otras ocasiones se rasca el culo a conciencia, como si le picara mucho. En seguida se pone a hablar en alto aunque está completamente sólo…
Cocoroto: Joder, joder y joder. Lo sabía. Tarde o temprano tenía que pasar. Aquí no se salva ni el apuntador. Todos al pilón, así, sin más. Sin explicaciones. Sin misericordia alguna. Yo te escribo y hago lo que me da la real gana. Joder. Vaya mierda pinchada en un palo. Y mira que lo sabía. Y va el lunático este del Francisco y se ventila de un plumazo al güinterbobotonto ese que escribe los miércoles que yo libro, y simplemente porque, como nos escribe él, pues eso, que se cree el amo de nuestras voces. Acojonado me quedé, oye, el pasado miércoles cuando vi que, porque decía que tenía mucho trabajo, Francisco le mandó callar al guiri, así porque se le puso en el bajo vientre. Y si se lo ha hecho a él…, nada le impide hacérmelo a mí…
PUES QUE SEPAS QUE YO NO ME CALLO. EL COCOROTO NO DEPENDE DE TU DISCURSO Y DESDE HOY ME DECLARO INDEPENDIENTE DE LA SOBERANÍA FRANCISQUIL.
Toma ya, ya soy yo mismo y no el desdoble maquillado de un ser infecto y sin alma…, y libre de polvo y de paja me pongo a lo mío, que para eso existo. Para hablar de poesía.
Y bien, queridos míos, llego ya con nuestra segunda lección. Con otro maravilloso poeta dispuesto a enseñarnos sus intimidades. Acaso mi poeta favorito entre los americanos, acaso no. Pero me gusta tanto, tanto, tanto que no sé muy bien por dónde empezar. Me estoy refiriendo a Raymond Carver. Su vida es tan fascinante que casi os enviaría a la Wikipedia si os apetece saber cosas sobre él. Hoy los poemas son tan poderosos que prefiero ocuparme de ellos pero ya mismo.
Cocoroto: Joder, joder y joder. Lo sabía. Tarde o temprano tenía que pasar. Aquí no se salva ni el apuntador. Todos al pilón, así, sin más. Sin explicaciones. Sin misericordia alguna. Yo te escribo y hago lo que me da la real gana. Joder. Vaya mierda pinchada en un palo. Y mira que lo sabía. Y va el lunático este del Francisco y se ventila de un plumazo al güinterbobotonto ese que escribe los miércoles que yo libro, y simplemente porque, como nos escribe él, pues eso, que se cree el amo de nuestras voces. Acojonado me quedé, oye, el pasado miércoles cuando vi que, porque decía que tenía mucho trabajo, Francisco le mandó callar al guiri, así porque se le puso en el bajo vientre. Y si se lo ha hecho a él…, nada le impide hacérmelo a mí…
PUES QUE SEPAS QUE YO NO ME CALLO. EL COCOROTO NO DEPENDE DE TU DISCURSO Y DESDE HOY ME DECLARO INDEPENDIENTE DE LA SOBERANÍA FRANCISQUIL.
Toma ya, ya soy yo mismo y no el desdoble maquillado de un ser infecto y sin alma…, y libre de polvo y de paja me pongo a lo mío, que para eso existo. Para hablar de poesía.
Y bien, queridos míos, llego ya con nuestra segunda lección. Con otro maravilloso poeta dispuesto a enseñarnos sus intimidades. Acaso mi poeta favorito entre los americanos, acaso no. Pero me gusta tanto, tanto, tanto que no sé muy bien por dónde empezar. Me estoy refiriendo a Raymond Carver. Su vida es tan fascinante que casi os enviaría a la Wikipedia si os apetece saber cosas sobre él. Hoy los poemas son tan poderosos que prefiero ocuparme de ellos pero ya mismo.
2ª TEMPORADA: LECCIÓN 15 - RAYMOND CARVER

He elegido dos poemas, uno largo y otro corto.
El largo es, como veréis, muy narrativo y reflexiona sobre lo que significa de verdad SER POETA, pero habla también de las cosas que son VERDADERAMENTE IMPORTANTES en la VIDA.
Vamos a ello.
UNO MÁS
Por Raymond Carver
Se levantó temprano, la mañana teñida de emoción,
listo para ponerse a escribir. Tomó una tostada y huevos,
café, y fumó unos pitillos, mientras pensaba en el trabajo
que le esperaba, el difícil sendero a través del bosque.
El viento empujaba a las nubes en el cielo,
agitando las hojas que quedaban en las ramas,
al otro lado de la ventana. Unos pocos días más y habrían
desaparecido, esas hojas. Había un poema en eso, podría ser;
tenía que pensar en ello. Fue a su mesa,
dudó durante largo rato, y luego hizo
lo que demostró ser la decisión más importante
que tomaría en todo el día, algo para lo que toda
su imperfecta vida le había preparado. Puso a un lado
la carpeta de los poemas – un poema en concreto todavía
seguía en su mente después del inquieto sueño de la noche.
(Pero, en realidad, ¿qué es uno más o menos? ¿Qué más da?).
Contaba con todo un día abriéndose ante él.
Lo mejor será limpiar el suelo antes. Tenía que ocuparse
de unas cuantas cosas, incluso de unos familiares que
no debería dejar para mucho más tarde. De modo que no paró.
Trabajó sin parar el día entero – dominado por amor y odio,
un poco de compasión (muy poco), una sensación conocida,
incluso desesperación y alegría. Hubo ocasionales estallidos
de ira, que luego se calmaban, mientras escribía cartas
diciendo “sí” o “no” o “depende” – explicando por qué, o
por qué no a personas que nunca había visto y nunca vería.
¿Le importaban? ¿Le importaba algo así? Algunas sí.
También atendió unas cuantas llamadas, e hizo algunas, que
a su vez provocaron la necesidad de hacer algunas más. Así es,
ahora se siente incapaz de hablar, prometió llamar al día siguiente.
Hacia la tarde, agotado y notando con claridad (pero
erróneamente, claro) que había pasado un día de trabajo
honrado, se detuvo a hacer inventario y tomar nota
del par de llamadas que tenía que hacer la mañana siguiente si
quería estar al tanto de las cosas, si no le apetecía
seguir escribiendo cartas, que no le apetecía. Ahora,
se le ocurrió, estaba harto de todos estos asuntos,
pero seguía igual, terminando la última carta que debería de
haber contestado semanas atrás. Luego, levantó la vista.
Afuera era casi de noche. El viento se había calmado. Y
los árboles – todavía seguía, casi despojados de todas
sus hojas. Pero, por fin, su mesa estaba despejada
si no se tuviera en cuenta esa carpeta de poemas que
le inquieta mirar. Mete la carpeta en un cajón, la
quita de su vista. Estará en buen sitio, segura y
él sabrá dónde descansar las manos cuando
sienta le necesidad de ello. ¡Mañana! Hoy ha hecho todo lo que
podía hacer. Había aún esas llamadas que tenía que hacer,
y olvidó que debía de llamar él, y había unas cuantas notas
que debía de mandar debido a algunas de las llamadas, pero
ahora no lo iba a hacer, ¿o sí? Estaba fuera del bosque.
Podía llamar hoy. Había hecho lo que debía hacer. Lo que
su conciencia le dijo que hiciera. Había cumplido con
sus obligaciones y no había molestado a nadie.
Pero en ese momento, sentado allí delante de su ordenada mesa,
sintió vagos remordimientos por el recuerdo del poema que
quería escribir esta mañana, y estaba ese otro poema
que tampoco conseguía recordar.
Así eran las cosas. La verdad, es que no hay mucho más que decir.
Qué se puede decir de un hombre que prefirió hablar por teléfono
el día entero, y escribir cartas estúpidas
mientras deja a sus poemas desatendidos, abandonados
- o peor aún, sin empezar - . Este hombre no merece poemas
y éstos no deberían acudir a él en ninguna forma.
Sus poemas, si producía alguno más,
deberían de comerlos las ratas.
Ahí queda eso. Pedazo de reflexión vital. Me encanta.
Pero quiero acabar con el más delicioso de sus poemas. Su último poema. De su último libro de poesía. Antes de morir…
ÚLTIMO FRAGMENTO
¿Y conseguiste lo que
querías de la vida?
Lo conseguí.
¿Y qué querías?
Considerarme amado, sentirme
amado en la tierra.
Y qué más decir después de esto…, que hasta dentro de dos semanas, si Francisco quiere (mierda, mi independencia a la porra, ya me está manejando)
listo para ponerse a escribir. Tomó una tostada y huevos,
café, y fumó unos pitillos, mientras pensaba en el trabajo
que le esperaba, el difícil sendero a través del bosque.
El viento empujaba a las nubes en el cielo,
agitando las hojas que quedaban en las ramas,
al otro lado de la ventana. Unos pocos días más y habrían
desaparecido, esas hojas. Había un poema en eso, podría ser;
tenía que pensar en ello. Fue a su mesa,
dudó durante largo rato, y luego hizo
lo que demostró ser la decisión más importante
que tomaría en todo el día, algo para lo que toda
su imperfecta vida le había preparado. Puso a un lado
la carpeta de los poemas – un poema en concreto todavía
seguía en su mente después del inquieto sueño de la noche.
(Pero, en realidad, ¿qué es uno más o menos? ¿Qué más da?).
Contaba con todo un día abriéndose ante él.
Lo mejor será limpiar el suelo antes. Tenía que ocuparse
de unas cuantas cosas, incluso de unos familiares que
no debería dejar para mucho más tarde. De modo que no paró.
Trabajó sin parar el día entero – dominado por amor y odio,
un poco de compasión (muy poco), una sensación conocida,
incluso desesperación y alegría. Hubo ocasionales estallidos
de ira, que luego se calmaban, mientras escribía cartas
diciendo “sí” o “no” o “depende” – explicando por qué, o
por qué no a personas que nunca había visto y nunca vería.
¿Le importaban? ¿Le importaba algo así? Algunas sí.
También atendió unas cuantas llamadas, e hizo algunas, que
a su vez provocaron la necesidad de hacer algunas más. Así es,
ahora se siente incapaz de hablar, prometió llamar al día siguiente.
Hacia la tarde, agotado y notando con claridad (pero
erróneamente, claro) que había pasado un día de trabajo
honrado, se detuvo a hacer inventario y tomar nota
del par de llamadas que tenía que hacer la mañana siguiente si
quería estar al tanto de las cosas, si no le apetecía
seguir escribiendo cartas, que no le apetecía. Ahora,
se le ocurrió, estaba harto de todos estos asuntos,
pero seguía igual, terminando la última carta que debería de
haber contestado semanas atrás. Luego, levantó la vista.
Afuera era casi de noche. El viento se había calmado. Y
los árboles – todavía seguía, casi despojados de todas
sus hojas. Pero, por fin, su mesa estaba despejada
si no se tuviera en cuenta esa carpeta de poemas que
le inquieta mirar. Mete la carpeta en un cajón, la
quita de su vista. Estará en buen sitio, segura y
él sabrá dónde descansar las manos cuando
sienta le necesidad de ello. ¡Mañana! Hoy ha hecho todo lo que
podía hacer. Había aún esas llamadas que tenía que hacer,
y olvidó que debía de llamar él, y había unas cuantas notas
que debía de mandar debido a algunas de las llamadas, pero
ahora no lo iba a hacer, ¿o sí? Estaba fuera del bosque.
Podía llamar hoy. Había hecho lo que debía hacer. Lo que
su conciencia le dijo que hiciera. Había cumplido con
sus obligaciones y no había molestado a nadie.
Pero en ese momento, sentado allí delante de su ordenada mesa,
sintió vagos remordimientos por el recuerdo del poema que
quería escribir esta mañana, y estaba ese otro poema
que tampoco conseguía recordar.
Así eran las cosas. La verdad, es que no hay mucho más que decir.
Qué se puede decir de un hombre que prefirió hablar por teléfono
el día entero, y escribir cartas estúpidas
mientras deja a sus poemas desatendidos, abandonados
- o peor aún, sin empezar - . Este hombre no merece poemas
y éstos no deberían acudir a él en ninguna forma.
Sus poemas, si producía alguno más,
deberían de comerlos las ratas.
Ahí queda eso. Pedazo de reflexión vital. Me encanta.
Pero quiero acabar con el más delicioso de sus poemas. Su último poema. De su último libro de poesía. Antes de morir…
ÚLTIMO FRAGMENTO
¿Y conseguiste lo que
querías de la vida?
Lo conseguí.
¿Y qué querías?
Considerarme amado, sentirme
amado en la tierra.
Y qué más decir después de esto…, que hasta dentro de dos semanas, si Francisco quiere (mierda, mi independencia a la porra, ya me está manejando)

martes, 14 de septiembre de 2010
LECCIÓN DE POESÍA NÚMERO 14
Que ya esssssssssssssssssssssssstoy de vuelta (y media)!!!!!!!!!!!!!!! Buen miércoles de poesía para todos. Comenzamos hoy las clases de nuevo, a ver, a ver, desempolven ustedes sus cuadernillos y lápices y al tajo, que nos quedan muchos poemas por leer y muchos mundos por visitar. Esta 2ª temporada cocorotil será mona y temática, quiero decir que será monotemática. Nos centraremos en la poesía norteamericana, y tendremos, más o menos, 13 temas para estudio. Bien, ¿no? Si no os mola, pues eso, anuláis matrícula y Santas Pascuas, pero eso sí, el dinero me lo quedo yo, que ando flojo y ya estoy en el período de comer sólo los días pares para llegar a fin de mes. Porca miseria la vida, infamante lacerío que diría de Cuenca.
Hoy os traigo un regalazo para empezar, uno de los autores más autores que en el mundo han sido, alguien que fue, como diríamos en inglés, “larger than life”,
CHARLES BUKOWSKI.
2ª TEMPORADA: LECCIÓN 14 – CHARLES BUKOWSKI
Hoy os traigo un regalazo para empezar, uno de los autores más autores que en el mundo han sido, alguien que fue, como diríamos en inglés, “larger than life”,
CHARLES BUKOWSKI.
2ª TEMPORADA: LECCIÓN 14 – CHARLES BUKOWSKI

Bukowski (1920-1994), que nació en Alemania, es considerado como uno de los más grandes escritores “underground” americanos, esto es, era de los que se iban al “underground” (sí, al metro) para pasarse escribiendo todo el día…, ¿a que suena creíble? Pues eso, el colega tiene una producción literaria para alucinar, tu ves sus títulos “La maquina de follar, Lo que más me gustar es rascarme los sobacos, 10 cuentos eróticos, El amor es un perro infernal y otros poemas, Erecciones, eyaculaciones, exhibiciones, etc” y no sabes si estás en una biblioteca, un sex-shop o un bazar de todo a 100. Flipante.
La verdad es que toda su obra es, cómo decirlo, absorbente. Sus cuentos, sus novelas, sus poemas…, su vida misma. Pero lo que nos interesa ahora son sus poemas. Estáis de suerte, no es difícil encontrar algunos de sus libros de poemaS (escribió como tropecientos, o alguno más) traducidos al español. Yo os aconsejo, por ejemplo, sus Poemas de la última noche de la tierra, editado por DVD poesía, o si tenéis algo de pasta y no sabéis en qué gastarla, invertidla en los dos inmensos volúmenes que se han publicado en la editorial La poesía, señor hidalgo (estos pueden ser mas difíciles de encontrar, pero valen la pena). No tienen desperdicio.
Pero vamos a lo que de verdad nos interesa, el poema de la semana..., respirad hondo, id yendo al baño que una vez empiece no podremos ni movernos, os lo aseguro, tan hipnótico es el pedazo de texto que sigue…, cómo envidio a aquellos que lo vayan a degustar por primera vez, ay, quién pudiera…
FONDUCHA
por Charles Bukowski
no habrás vivido
hasta que no hayas estado en una
fonducha
con una sola
bombilla
y 56 hombres
apretujados
en catres
todos roncando
al unísono,
con unos
ronquidos
potentes
y profundos,
increíbles:
oscuros
carraspeantes
asquerosos
infrahumanos
resuellos
del mismísimo
infierno.
son
sonidos
de muerte
que casi te revientan
el cerebro
y los
olores
entremezclados:
calcetines
acartonados y sucios
calzoncillos
meados y
cagados
y por encima de todo
un aire que apenas
circula
parecido al que
emana de un
cubo
de basura
destapado.
y los cuerpos
en la
oscuridad
gordos y
delgados
y
encorvados
algunos
sin piernas
sin brazos
algunos
sin cerebro
y lo peor de
todo:
la total
ausencia de
esperanza
los
amortaja
los cubre
por completo.
es
insoportable.
te
levantas
sales
andas por las
calles
arriba y
abajo por las
aceras
pasas por delante de edificios
das la vuelta a la
esquina
y vuelves
por
la misma
calle
pensando
esos hombres
han sido
niños
alguna vez
¿qué les
ha
pasado?
¿y qué me
ha pasado
a
mí?
está oscuro
y hace frío
aquí
afuera.
Así acaba este viaje, sin esperanza, sin alivio, sin nada que aleje el dolor oscuro y tenebroso de estar vivo…, la oscuridad, el frío, el habitar en la frontera de la vida. Haber dormido con los que no duermen, los que han perdido hasta su propia humanidad, haber sentido que eres un jodido perdedor que ha perdido hasta tus sueños, haber visto el vacío cada mañana al levantarte…, y aun así levantarte y no huir de la realidad. Seguir siendo humano aunque te duelan hasta las uñas, seguir siendo, que ya es bastante. Vivir de verdad, vivir plenamente, aunque sea en el fango, aunque sea al otro lado del espejo de esta sociedad que nos consume en su locura de cosas y más cosas, dar un golpe en la mesa y decir “basta ya”, ser un tipo íntegro aunque estés desintegrado. Estar vivo. Nada más.
Es un poema duro, lo sé, es un poema que rezuma realidad y que nos habla de algunas cosas que queremos olvidar. Pero siempre está mejor recordar, queridos míos, es mejor no huir de lo que no gusta simplemente porque no nos gusta o incomoda.
Tras leer el poema, yo me siento más humano, ¿y tú?, ¿qué te parece a ti?
Hasta la próxima semana, mi más preciada almorrana.

Suscribirse a:
Entradas (Atom)